Taller EkonoMoVida en La Villa

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Relato de caso del taller realizado en La Villa.

Los participantes estaban situados en sillas colocadas en círculo. Se les repartió a los chavales unos papeles que llevaban escrito un SI por la parte delantera y un NO al reverso.

Tanto Jose como sus compañeros hicieron una breve presentación de su persona y una pequeña introducción sobre el taller que se iba a realizar.

Tras las presentaciones se les dijo a los chavales que la primera dinámica consistía en que se iban a decir en voz alta una serie de afirmaciones sobre las que ellos (intentando no guiarse en sus compañeros) debían posicionarse colocando su papel con el SI, si estaban de acuerdo o NO, si por el contrario no compartían dicha afirmación. También se les dijo que después deberían justificar su respuesta, e incluso cambiarla si el argumento de un compañero los convencía de lo contrario.

Las afirmaciones eran “comprometidas” en cuanto a que buscaban una reflexión crítica sobre qué nos produce felicidad, la importancia del dinero, lo suficiente o no del salario mínimo interprofesional, etc. La anécdota graciosa sucedió ante la frase “el dinero puede comprarlo todo”, un estudiante tras confesarse de acuerdo con ella esgrimió: “Prefiero llorar en un Ferrari”; lo que provocó las risas de todos los que nos encontrábamos en la sala. Los chavales en general se mostraron participativos.

Después de esta dinámica se pasó a la lectura de lo que iba a ser el taller en sí. Se leyó la situación de una empresa que empezaba a tener menos ingresos de los que normalmente obtenía y valoraba buscar medidas para reducir gastos. Se les preguntó a los chavales quienes tenían especial interés en ser los directivos ficticios de la misma. Se presentaron voluntarios. Tras “nombrar” a la directiva, se repartieron entre el resto de chavales unas tarjetitas que designaban el puesto que ocupaban en la empresa y sus condiciones tanto de trabajo como de despido en el caso en que fuera necesario prescindir de sus servicios en la empresa. Además de los trabajadores había dos tarjetas de Delegado sindical.

A partir de ese momento se dividió el grupo en dos: por un lado la directiva y por otro lado los trabajadores junto con los delegados sindicales (los cuales también son trabajadores de la empresa).

Tanto un grupo como el otro volvió a leer la situación de la empresa y posteriormente las propuestas de reducción de gastos que se entregaron. Los “trabajadores” coordinados el delegado sindical y por Jose (la profe), debatieron sobre las posibles alternativas de reducción de gastos. Un grupo importante de los mismos incitaron al resto a ir a la huelga, pero al final, valoraron las opciones dadas las cuales eran:

– Reducir el sueldo de los directivos

– Reducir el sueldo de los empleados

– Fabricar productos de peor calidad

– Crear un cooperativa

– Despedir algunos trabajadores

 Al final se optó por la primera opción, bajar el salario a los “jefes”. Se votó por mayoría y así se propuso a los miembros de la directiva, que contestaron que valorarían la propuesta de los trabajadores.

Tras la deliberación de los tres miembros que poseían de manera ficticia “la sartén por el mango” dictaminaron lo siguiente:

-Reducirían inicialmente su propio salario

-En una segunda reducción volverían a bajar su sueldo y también el de los empleados.

-Total de la reducción 30% para los directivos y 15% para los empleados

Una vez concluida la exposición de los directivos, los trabajadores aceptaron las condiciones sin ninguna objeción.

Para darle un toque más realista Jose propuso que aunque en la resolución final del conflicto nadie era despedido, en el hipotético caso de que se hiciera un ERE… Propusieran por consenso y según las condiciones que cada uno tenía en su tarjeta, 5 personas a las que se las cesaría de sus funciones dentro de la empresa.

Al principio los chavales empezaron a mostrarse voluntarios para ser despedidos. Haciendo un inciso en que se metieran más en el papel que representaban, les dijimos que “no valía” esa opción de despedirse voluntariamente. Al final tomaron la decisión de que las cinco personas con mayor indemnización y mejores condiciones de prestaciones por desempleo tuvieran debían de ser los “condenados” al despido. Por el contrario, y evidentemente para los jefes la resolución fue totalmente al contrario “echarían a la calle” a aquellos trabajadores que les costara menos económicamente hablando despedir y por supuesto, a los menos productivos. Eso sí, respetarían el puesto de trabajo de las personas a las que les faltase poco tiempo para jubilarse.

Finalmente, se hizo una reflexión final (antes Bea, contó su experiencia de haber sido despedida por su embarazo y otro caso de una chica que también fue despedida por “insinuar” que quería volver a ser madre). Se les preguntó a los chavales cómo se habían sentido y qué sentimientos les había producido la dinámica. De nuevo los más participativos expresaron sus ideas y sentimientos y para hacer participes a todos se les invitó personalmente a cada uno de los que no había hablado a expresar un poco lo que había vivido.

El sentir general empezó siendo negativo y algo desolado, pero también dejó un halo a la esperanza y a la positividad al final.

Personalmente me gustó mucho la dinámica y la forma de plantearlo. Me faltó dramatización por parte de los chavales. Que realmente llegaran a meterse en el papel que se les había otorgado virtualmente. Tal vez (como sugerencia) las tarjetas deberían ser más viscerales, es decir, no contar sólo las condiciones laborales en que se encuentra esa persona sino también reflejar un poco qué circunstancias de vida lo rodean. Quizá si junto a la tarjeta “joven, sueldo medio, indemnización media y 2 años de paro con 5 años en la empresa….” Le uniéramos “padres dependientes, o algún familiar enfermo, o mujer embarazada…etc”; no habrían ido tan a la ligera proponiéndose para ser enviados al paro… Los jefes por ejemplo, se olvidaron quizá de su mansión en la moraleja, la niña estudiando en Londres, y las letras del Ferrari “en el que llorar”. (Aun así, los jefes hicieron una muy buena puesta en escena,… se lo creyeron).

Al margen de esto, los sentimientos que a mí me provocó en general toda la dinámica y la situación en general son dispares. Por un lado sentí que la juventud que tiene que ser nuestro futuro no se informa, que va a “salto de mata” con las decisiones que toma; que no le da al trabajo, a la economía, a la información (sobre todo a la información) la importancia que tienen. Sentí que es difícil empatizar con alguien que no eres y luchar por sus derechos, sin darte cuenta al fin y al cabo, que estás luchando por los tuyos. Sentí que no valemos nada en manos de dirigentes y políticos y que debemos luchar porque nos oigan, porque no nos manejen como si fuéramos mercancía a su servicio. Me dio envidia que, jugando, sí seamos capaces de decir “yo me voy” si así puedo ayudar a éste que está peor que yo. Conseguí verme en el lugar de un “jefe” (que en realidad a su vez tiene otro jefe) que se coloca enfrente de una persona que lleva sobre sus hombros su casa, su familia, sus problemas… y decirle: “te quedas en la calle”. Y supe que no me quiero ver nunca en ese lugar de la mesa (ojalá tampoco tenga que verme del otro lado). Supe, que lo que allí se vivió fue una utopía porque si los que están arriba fueran capaces de pensar en los demás y acabar repartiendo (bajándose el sueldo) no habríamos llegado a la situación en la que nos encontramos. Y por supuesto, miedo, incertidumbre, duda, tristeza, impotencia… Por otro lado, no obstante (y allí también lo dije), creo que hay muchas personas luchando porque esto cambie, mucha gente que no se calla, que decide informar, criticar (siempre de manera constructiva), denunciar todo aquello que no nos respeta como seres humanos dignos que somos, cada uno con sus circunstancias, con sus diferencias, con sus matices. Matices y diferencias que nos hacen únicos pero capaces de hacer grupo, de asociarnos y aportar mirando siempre hacia delante. Gente, como vosotros que renunciáis a un día libre con tal de hacer pensar a las mentes adormecidas de algunos, inquietas pero perdidas de otros, revolucionarias pero sin argumentos de muchos… e inventar mentes críticas para este mundo que tanto las necesita.

Volví a reflexionar sobre lo afortunada que soy, puesto que tengo trabajo. Un trabajo además, que me gusta, que me hace crecer cada día, aprender cada día. Un trabajo que me brinda nuevas experiencias a cada instante y me da una amplitud de miras inmensa.

Gracia, educadora de La Villa.

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